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sábado, 20 de diciembre de 2008

"Deuda Odiosa"



En estas fechas tan señaladas toca tirar de tradiciones para matar el tiempo. No me refiero a la típica comida de empresa, el salir a comprar regalos y poner buena cara con personas que no tragas, sino asuntos menos banales. Entre las mías, aprovecho cada año para ver, en torno al 19 de diciembre, “Memoria del Saqueo”, el documental en el que Pino Solanas desglosa el derrumbe argentino; siempre me ha gustado ver como trata el tema el cineasta (efectos sonoros aparte), e intento rescatar de cada visionado un tema concreto. Hoy, en una tarde ligera, he pensado que quizás el termino que menos se desarrolla el objetivo de nuestro análisis.

El caso es que hoy hablaremos del término “deuda odiosa”: no es curioso que mucha gente lo desconozca porque, según palabras de altos cargos del FMI, de tenerse en cuenta debería de condonarse toda la deuda del Tercer Mundo. Lo que es todavía mas curioso es que esto lo hayan inventado los Estados Unidos y para colarsela precisamente a España. En resumidas cuentas, lo que explica este concepto es que las deudas contraídas por los estados y cuyo cometido no ha sido dedicado a asuntos públicos no es lícita; ergo, que la deuda no es pública en tanto no se dedique a asuntos públicos.

En esta época también se ponen de moda, en nuestro deporte, las tan famosas asambleas de socios, juntas de accionistas y demás reuniones en las que se señalan los grandes aciertos de los gestores mientras que se pasan por alto los numerosos errores y fallos. Y como es época de aguinaldos, también se pone de moda eso de pedir: los que tienen deudas apelan a sentimientos variados para solventar esas complicadas situaciones para solventar diversos empréstitos. Ahora, paremonos a pensar en este concepto y meditemos largo y tendido. ¿Son los aficionados los responsables de dicha deuda?, ¿Se han visto beneficiados porque su equipo se metió a gastos que no podía cubrir?

Como decíamos, si llevamos en los términos mas estrictos el concepto de “deuda odiosa” al ámbito del baloncesto, la teoría perdería su peso porque no hablamos de un ámbito público. Sin embargo, el apelar a valores y razones no entra ni por esas en el ámbito de lo privado, aunque sea a cuesta de dinero de los individuos. Un sentimiento de pertenencia a un equipo no deja ser como el de pertenencia a un estado, solo que nos encontramos con guerras prácticamente todas las semanas en las que reafirmar dicho sentido. Los ciudadanos o los aficionados piden cuentas siempre que las cosas van mal, y como en todas partes nos encontramos con gestores hábiles y auténticos papanatas.



Hace una semana, Manu Carreño hablaba de como saldría Ramón Calderón tras la derrota en el Camp Nou, y hemos de decir hoy que dicho pronóstico se ha cumplido: en su último año al frente de la Casa Blanca está optando por salir al mercado a por todas, intentando tapar una crisis que todavía está presente. El caso es que este señor se irá, las arcas madridistas quedarán vacías y habrá que volver a montar el tinglado “one more time”. Los aficionados, en este caso y en los que implican juntas de accionistas son los grandes perjudicados porque precisamente son ellos los que no se benefician: si hubiera beneficios, no serían S.A.D.'s, aunque en su mayoría estas sociedades solo dan pérdidas por una mala gestión.

¿No es entonces culpa de esos gestores que los equipos desaparezcan?, ¿Porque hemos de salir entonces los aficionados a paliar esas dificultades? Porque, por suerte o por desgracia, lo único que tienen al fin y al cabo tanto estados como clubes como auténtico capital es su gente. Sabemos que ellos no pueden vivir sin nosotros, pero pesa mas el hecho de que no podemos vivir sin ellos. Eso si, no hay que dejar que esto nos neutralice...


martes, 4 de noviembre de 2008

"Got to be the shoes..."

El mejor candidato, sin lugar a dudas...


Los que me conocen saben que si hay algo que me vuelve loco en este mundo son las zapatillas. La semana pasada mis compañeros de trabajo ponían caras cuando les explicaba ciertas cosas de mi particular hobby y les hablaba de lo mucho que algunas personas pueden pagar por un modelo concreto. Aunque parezca mentira, hay gente que va mirando hacia abajo tan solo por ver los pies de los demás.

Hablo de esto porque estamos en el final de la campaña electoral americana, con los mensajes publicitarios ya finalizados y los mitines cerrados. Toca ahora hacerse con las "tres P's": paciencia, Prozac y papel picado (lease confetti) y esperar. Sin embargo, hay gente que, ajena a los aparatos burocráticos, quiere apostar por el cambio y el voto. Kevin Garnett y Tracy McGrady lucirán esta noche zapatillas en las que piden el voto (a título global, ni para uno ni para otro).

La iniciativa, que según puede leerse en "The Sports Culture", forma parte de una plataforma que aboga por la participación ciudadana en un país que vota menos de lo que el mundo espera* (aunque este año si que hay un alto índice de participación). Sin embargo, uno de los autores de esta bitácora no entiende porque ha de existir una relación entre deporte y política. Partiendo de la base de que es una de las patas que sostiene este blog, no tengo mas remedio que intervenir... pero para darle la razón al autor.

Establecer hasta cierto punto en que influye la participación en el resultado puede servir para sostener el planteamiento en primera instancia, pero creo que el análisis de B-Reezy va mucho mas allá. Nosotros vivimos en una sociedad deportiva completamente politizada, con grupos ultras de diversas tendencias extremas, equipos "del gobierno" o con las disputas entre diferentes federaciones territoriales que generan a su vez ligeras riñas entre sus asociados. No podemos evitar meter la política en el deporte porque el propio deporte se tiñe de reivindicaciones políticas, bien por parte de los rectores de los entes como por parte de sus aficionados: quien no haya oído decir que el Real Madrid es "un equipo de fachas" o que San Mamés está "lleno de terroristas", pocas horas ha pasado en cualquier bar español.

Vivimos en una sociedad a la que no le interesa la posición política de un deportista, pero en cuanto se conoce la misma, se la critica. No es algo que importe a la población española, pero siempre hay alguien que carga ante los dispares sentimientos nacionalistas y políticos de hombres tan peculiares como Oleguer y Salva. Nuestro particular caracter nacional, con las marcadas diferencias entre distintas autonomías, nos dictan unas formas y unos fondos que aplicamos a cualquier ámbito. Aunque parezca mentira, hasta cuando mentamos el deporte tenemos la política en la punta de la lengua.


Precisamente por eso coincido con B-Deezy en el hecho de que en los Estados Unidos de poco sirve relacionar deporte y política. ¿Que afinidad política puede asociarse a una franquicia? Claro que se acercan al político que les ofrezca mejores condiciones, menos impuestos y demás... pero les dará igual el animal, burro o elefante. El sentimiento de pertenencia de un equipo NBA a una ciudad concreta puede cambiar tanto como lo hacía Wilt Chamberlain de compañera de cama. Si pasamos al parquet, el tema toma tintes todavía mas surrealistas: ¿a quien votaría un chico que de la noche a la mañana pasa de un humilde barrio negro a una gran casa en la urbanización de turno? Gilbert Arenas lo expresó mejor que nadie en su blog, y a las pruebas me remito. La influencia en la juventud de los ídolos deportivos en lo referente a la decisión electoral puede ser amplia, claro, pero por el mero hecho de ser ídolos, no porque sean deportistas. De ahí que los partidos políticos sumen a sus filas a figuras de todos los ámbitos, para abarcar todo el espectro posible.

En resumidas cuentas, llevar a un mismo plano las "majors" americanas con la política se me antoja imposible, del mismo modo que llevar la política americana a cualquier otro ámbito. En un país donde la participación política se limita a los comicios, donde la política de verdad importa cada cuatro años, poco pueden aportar los deportistas profesionales. El día que alguno de estos pipones que cobran millonadas invierta en plantaciones en Liberia, hablamos. Si al final, el único que va a tener razón en todo esto es Jordan: "demócratas, republicanos... al final, todos compran mis zapatillas" . Como diría Rajoy, "todavía nos vestimos por los pies..."

PD: Me gustaría que ganara Obama, pero se verá afectado seguramente por la "Bill Bradley's Curse".

martes, 14 de octubre de 2008

Libre Albedrío


Un año mas, curso esa gran asignatura llamada “Sistemas Políticos Comparados”. Ya lo se: de algunas materias debo tener ya un master con la de veces que las he estudiado, pero el caso es que este año es diferente. Ayer abríamos el curso sentando las bases y pensando en el ABC de la política comparada: el asunto es que uno de los temas se me quedó grabado a fuego en la cabeza y no dejé de darle vueltas en todo el día. Resulta que, entre los límites del comparativismo en la política, está el hecho de que no podemos influir ni en los individuos ni en los grupos sociales.

Creo que a lo largo de mis años metido en este sitio he aprendido a diferenciar entre el ser y el deber ser, el querer y el poder y otras tantas dicotomías a la hora de tomar parte en decisiones. Sin embargo, la que menos me he cuestionado es la del “no poder” y el “no deber”: quizás el hecho de llevar el “no” delante hace que me aleje bastante de este tema, aunque sin saberlo he sido partícipe, en numerosas ocasiones, de esta particular manera de actuar.

Formo parte de un mundillo en el que se vive por y para soltar “bombas”. Cada día nos despertamos con cargas de profundidad en los medios deportivos de este país, tanteando el ambiente para el fichaje de tal o cual crack. Muchísimos compañeros viven “a sueldo” (no todo es dinero) de los grandes mercaderes, dejando caer que a tal jugador le gustaría llegar para sentarse luego a “darle tiempo al rumor”. El caso es que no quiero entrar de lleno en el mundo de la rumorología, los “me comentan mis fuentes” y demás: voy a centrarme en el ámbito político de esta práctica.

Cierto es que no deberíamos tratar de influir en un individuo o grupo para comprobar nuestras hipótesis en el análisis de un hecho concreto. En el momento en el que lo hacemos, estamos viciando nuestro estudio y motivando al objeto del mismo a comprobar lo que habíamos planteado al principio. No puedo decir “se confirma lo que plantee: la gente se cabrea si le dicen que se queda sin trabajo” cuando acabas de decirle que igual el mes que viene ya no tiene que venir a currar.

Pero hay quienes lo hacen: son más vagos que otra cosa, gente que tiene su plan de trabajo, que toca temas peliagudos y se congratula luego porque lo que dijo se comprobó. Y no hay que abrir ningún periódico deportivo para verlo, aunque el ejemplo no va a ser otro que el más reciente…

¿A que hace una semana todo el mundo hablaba de lo mal que hacían Real Madrid, Barcelona y TAU Cerámica con su idea de marcharse de la ACB?, ¿A que numerosos aficionados se posicionaban a favor del llamado “G-14”? Siete días después seguimos en las mismas: ni los tres grandes han dicho “nos vamos”, ni los aficionados la han pagado con esos clubes… Copon, que ni siquiera existe el “Comando G”.

¿En que se queda el “libre albedrío”?, ¿Está la gente capacitada actualmente para no dejarse influir por nadie? Aplicado al basket: ¿sabemos vivir sin ver lo que ocurre a través de las “vías oficiales”?. Un gran filósofo (porque los humoristas también lo son: en vez de comerse la cabeza por lo que piensan, se descojonan sin mas) llamado Noel Clarasó dijo hace ya mucho que la trampa en el deporte no nace ante vacíos en los reglamentos, sino que su propia existencia depende de la de las leyes. Para poder influir en el pensamiento, primero nos tienen que decir que no podemos hacerlo.


miércoles, 1 de octubre de 2008

Outlanders...

Ya tenemos el pitoste de la temporada montado. No ha empezado la Liga ACB que se ha tirado la primera piedra. Eso, al menos, es lo que cuentan en la edición impresa de Marca Nacho Duque y Edu Schell (que por cierto, ha estado bastante chungo durante el verano, y visto lo visto podría ser peor... por suerte no ha sido tan grave). Resulta que, según los compañeros, los planes de la Euroliga supondrían un golpe duro a una liga como la española: de aquí a dos temporadas, Real Madrid, Barcelona y TAU Cerámica tendrían que decidir si se quedan en la ACB o forman parte de una competición semicerrada de manera permanente.

Seguro que tanto Duque como Schell tendrán sus contactos y habrán hablado con unos y con otros antes de publicar esto. No seré yo quien les desdiga, pero me gustaría hablar del tema mas que nada para extender la tranquilidad entre los aficionados ACB, que llenan ya unas cuantas páginas en los foros. Puedo sacar montones de argumentos, como el peso específico de los clubes, las reacciones de sus rivales en la competición doméstica. Vamos a ramas mas sencillas: como diría Bill Clinton, "es la economía, idiota".

Me gustaría ver las cuentas de estos tres equipos para conocer, de primera mano, ingresos y gastos de las tres entidades: los tres cobran patrocinios en la camiseta, tienen contratos en televisión e incluso saben sacarle el jugo a sus correspondientes entes políticos. Ahora, para salir a competir fuerte en Europa, la inyección de dinero tendrá que mantenerse (en el caso de Madrid y Barça) o incluso incrementarse (si las cifras de Josean Querejeta son ciertas, que poca pasta me parece para el Baskonia ser el octavo presupuesto ACB).

¿De que vivir? De esas cosas, entradas y poco mas. Por mucho que den las teles, entes autonómicos, abonos y sponsors, dudo que cualquiera de los tres cubra mas del 20% de su presupuesto: mas que nada porque el Madrid el año pasado gastó cerca de 27 millones y el Barça en torno a los 24 (hace un tiempo lo publicamos en TuBasket y no soy capaz de encontrarlo: sino, aquí está el original en Ball In Europe). Por cierto, por allí sale el del TAU y de octavo ACB, nasti de plasti.

¿Vale la pena una inversión de 27 millones de euros para ganar el Torneo de la CAM y luchar por la Euroliga cada campaña?, ¿Es normal gastarse cinco veces tus ingresos para "luchar por un título de nivel"? En el caso del Real Madrid, la pasada temporada se gastaron eso y solo se llevaron el Torneo de la CAM, vale, pero al menos dieron la cara en tres competiciones con cierto caché en el basket europeo. Dos o tres años de fracasos, de gastos a mansalva para chocar una y otra vez contra los petrodolares, la pasta griega o el dinero israelí, acabarían con la paciencia de mas de un socio (en el caso de Madrid y Barça) y de los accionistas (con el Baskonia). A los futboleros siempre puede salvarlos el hermano mayor, pero mantener esa dinámica durante un lustro dejaría al TAU hecho un solar.

Olympiacos, Panathinaikos, CSKA, Maccabi... esos juegan con los cadetes sus competiciones domésticas porque llevan arrasando siglos. Aquí estos tres han ganado ocho de las últimas diez Ligas ACB y nunca uno de estos tres ha faltado en ese período de tiempo a una final. Se las llevan, si, pero les cuesta. La Liga gana mucha chicha con ellos y la verdad es que, sin tres grandes, perdería mucho atractivo. Si, sería igualadisima, como la ASOBAL o la FUTSAL, pero perdería atractivo para el público: por algo la ASOBAL va por Sportmania y la FUTSAL está marginada vayase a saber donde.

Pero vamos a ponernos en el supuesto de que se quieren ir: y se van, hacen la prueba y se dan cuenta de que esto no funciona. Pongamonos que se dan cuenta en 2012 que ese modelo no tiene ningún sentido y quieren volver a la ACB... ¿Que creéis que puede pasar? Para esa fecha, las competiciones europeas deben de tener un límite de 16 equipos, algo que facilitaría cuadrar fechas con el calendario FIBA. Si estos tres quieren volver, siendo un caramelo tan goloso... ¿como haces para volverles a meter?

Total, que todo esto se cierra volviendo al primer párrafo. Condicionales, señores, condicionales: el arma secreta del periodismo. Nadie ha dicho que TAU, Barça y Madrid vayan a dejar la ACB, sino que podrían hacerlo si continúa su camino el proyecto de la Euroliga (que ese es otro condicional). Igual dicen que si, igual dicen que no; igual hasta les da por tirar pal monte y hacerse ermitaños, pero eso ya no importa: los periódicos están vendidos, el debate está en los foros y a mi me ha servido para meter una entrada mas...

miércoles, 6 de agosto de 2008

La mano del Dulce...



El verano tiene numerosos hábitos contraproducentes: currar con todo el calor, quedarse de Rodríguez y esas cosas. Sin embargo, puede aprovecharse para muchas actividades que no hacen mas que mejorarlo: yo soy un habitual de la “relectura”, repasando libros que ya había leído para quedarme con datos que una primera lectura deja escapar. El caso es que el otro día me dio por mezclar (otra cosa mala que se hace en verano... pero en este caso lo hice con temas literarios) y acabé encontrándole un sentido a una duda que tuve durante años: ¿Era Petrovic un “Mozart” del baloncesto?

La sabiduría popular los equipara en cuanto al papel que ambos jugaron en su vida: auténticos genios de lo suyo, compositor excelente y auténtica estrella del basket. Ahora, Wolfgang Amadeus es y ha sido durante siglos el autor más valorado de la historia por su impronta, mientras que Drazen ha tenido auténticos amantes y adoradores, así como detractores acérrimos que aludieron a su mayúsculo ego para darle palo tras palo. Después de sumergirme en un análisis profundo de la figura del músico, pude entender porque Enrico Campana (el reportero italiano de “La Gazzetta dello Sport” que le coronó con tal apodo) hizo esta comparativa. Todo el mundo piensa que Mozart era un auténtico genio, pero estaba mucho más loco que Petrovic.

Mozart fue capaz de darle una unidad lógica a obras que carecían de ella: por cosas así, una auténtica muestra de surrealismo como “La Flauta Mágica” es una muestra de todo el talento del autor. Su capacidad de darle forma a las improvisaciones de Schikaneder es equivalente al papel que jugó Drazen en nuestro deporte durante los ochenta: hacía cosas que ningún jugador que no viniera del otro lado del charco podía hacer. Solamente un tío como él era capaz de despertar pasiones como las que levantó durante años en Madrid. Los "dementes" más veteranos relatan que, en los derbis contra el Real Madrid, se hacían tifos con posters del croata, al grito de "Si si si, me mola Petrovic", en los años en los que la Cibona machacaba continuamente a los blancos.

Muy duro con sus contemporáneos fue Mozart, así como el propio Drazen: el sarcasmo del músico a la hora de criticar a sus pares lo mostraba el propio Petrovic en el parquet. Iturriaga comentó, cuando tuvo constancia de que el croata sería compañero suyo en el Real, que "no sabía si estrecharle la mano al encontrarle". Su talento, sin embargo, le daba cierto halo de inmunidad: Haydn, uno de los contemporáneos al autor que mas le valoró, respondió ante unas supuestas críticas de Mozart que "aún si lo hubiese dicho, le perdonaría". Recibir una crítica de Petrovic suponía que en el próximo partido el jugador iría a por él. ¿Halagos? Pocos halagos dejó el de Sibenik en su vida.

Sin embargo, hay algo que les coloca al mismo nivel: su control de las emociones. Numerosos grafólogos han analizado la letra de Amadeus y se han dado cuenta de que, en los momentos más difíciles, mantenía la compostura. Sólo un genio como él era capaz de actuar con serenidad en las situaciones más complicadas, mientras que apostaba por la provocación para generarlas. El arte, así como el baloncesto, es un proceso cerebral (no sentimental como muchos piensan): pocos, como Mozart y "Mozart", tienen la capacidad de superar esa faceta afectiva para darle la mayor carga de consciencia a sus disciplinas, dejando auténticas obras de arte.

Al final, llegué a la conclusión del porqué de dicho apodo. Juan Antonio Vallejo-Nágera (más allá de temas políticos e ideológicos, un gran analista de los grandes personajes de la historia) califica a la obra antes citada, "La Flauta Mágica", como un test proyectivo: ya sabéis, las famosas manchas de tinta que utilizan los psiquiatras para que sus pacientes les cuenten sus dilemas. Si aquella ópera surrealista a la que Mozart dio forma ha tenido tantas interpretaciones (que si “ejercicio de masonería”, “lucha entre el bien y el mal” o “panfleto político”), el juego de Petrovic es capaz de despertar numerosas sensaciones. Nadie se queda indiferente ante su magia.

Quienes le criticaban se aferraban al baloncesto estricto, que no daba lugar a filigranas. Los que le admiraban, abrían el camino para el basket que hoy nos deslumbra. El juego de Petrovic no es otra cosa que un espejo que refleja el alma del espectador, en el que cada uno encuentra lo que tiene dentro. Jugadores como Drazen actúan generacionalmente: hoy todavía hay dudas, pero dentro de diez años los que sigan nuestros pasos sabrán apreciar aquellas "majaderías".