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lunes, 20 de octubre de 2008

"El ataque gana partidos, la defensa cambia el mundo"



El mundo en el que vivimos está lleno de luchadores. Hombres que, a pesar de las dificultades propias de cualquier sistema, se empeñan en cambiarlo a golpe de acciones que afectan al modo de ver el mundo. Muchos les llaman héroes, otros tantos los califican como terroristas: yo prefiero el término revolucionario. Existen otros hombres que, en condiciones similares pero en un entorno distinto, buscan lo mismo. Se les llama coloquialmente “especialistas defensivos”.

Quienes me han visto jugar al baloncesto saben como me lo monto particularmente: No soy alto, no tengo fundamentos, tiro, ni tan siquiera tengo un dribbling decente. Ahora, cuando me toca ponerme de espaldas al aro y agachar el culo, no hay quien me iguale: la defensa “mosca cojonera” es un arte que practican muy pocos y que solo algunos dominan a la perfección. Una vez, Dennis Rodman (todo un paradigma del juego defensivo) dijo que los insultos del público rival eran la constatación de que hacía bien su trabajo.

La defensa y la revolución se parecen bastante: quienes no tienen ningún recurso, ninguna fuerza o habilidad particular para conseguir su objetivo se empeñan en actuar desde la acción directa y el acto violento de ir a por el rival en su propio campo. Si se trabaja y coordina esta práctica, se pueden obtener grandes resultados, ejemplos perfectos de guerra asimétrica de los que Carlos Marighella estaría orgulloso si pudiesen aplicarse a la guerrilla urbana. Una buena defensa presionante tumba a cualquier rival; un ataque directo al corazón del sistema al menos cambiará la manera en la que se vea al que la lleva a cabo.

Será por eso que no siempre los adeptos a este tipo de prácticas sean mayoría: quizás sea la propia repulsión hacia dichos actos, el seguir a la mayoría o el hecho de no querer ver lo evidente, pero bien es cierto que tanto el revolucionario como el especialista defensivo reciben muchas mas críticas que elogios. El trofeo a mejor defensor de la NBA bien podría premiar al jugador mas odiado: No hay mas que ver la nómina de los últimos años, con Bowen y Ben Wallace convirtiéndose en los defenestrados por la opinión pública. Uno no debe olvidarse nunca que ante situaciones en las que el cerebro se enfrenta a actividades duras, la adrenalina se dispara a límites insospechados.

Cierto es que uno siempre se encontrará con mas quejas si tira por esa vía, aunque se sabe que tarde o temprano llega la gloria. Esto ocurre porque el hecho revolucionario reúne muchos intereses hipócritas, que le utilizan en un momento determinado y lo abandonan a las primeras de cambio para perpetuarse. No hay mas que ver como en Málaga rechazaban el “karate-press” de Aíto y ahora el público del Carpena aplaude con las orejas cuando ven defender al equipo con una intensidad increíble.

Dejemos de engañarnos: los Suns de Mike D'Antoni jugaban bonito, pero los títulos han sido para el Sargento Popp y sus Spurs. Como bien dijeron Malatesta y Cafiero, “el hecho revolucionario es el medio más efectivo de propaganda y el que penetra en lo mas profundo de la sociedad, atrayendo a las fuerzas vivas de la humanidad”. Nos gusta la defensa que cambia la forma de entender el juego, igual que las acciones que modifican la manera de ver el mundo. Por mucho que les pese a algunos, en el fondo todos somos “especialistas defensivos”.

sábado, 30 de agosto de 2008

“Old Nick”

Si hay una figura que en la ciencia política esté mas menospreciada que la de Nicolás Maquiavelo, que venga y me lo reclame. La vida y obra de un personaje que inauguró la Filosofía Política moderna (o al menos a mi parecer: lo siento por todos los que me dejo en el tintero) se reduce a un planteamiento que otorga a quien lo ponga en práctica un calificativo bastante agresivo. El caso es que en estos días mucha gente aplica medios poco honestos para alcanzar un fin sin que nadie les llame “maquiavélicos”. Igual es que ya estamos acostumbrados.

El tema es que me enteré el otro día de que Andrés Montes decía que Aíto García Reneses era “maquiavélico”. Mi novia me dijo que igual era porque tiene “cara de malo”, aunque es un buenazo. No lo había oído hasta ahora (los partidos me pillaban fatal por horarios), pero pensando en el tema esta mañana abrí los ojos: igual Montes lo aplicaba a que, con planteamientos tácticos poco comunes, el seleccionador llegaba al fin último, la victoria. El caso es que el comentarista es un amo de la ironía: los tiros no van por ahí. Es mas, si siguen el camino que voy a marcaros, lo de Montes es de auténtico crack.

Todos conocemos la etapa más profunda de Maquiavelo: los años de exilio de “su Firenze” en los que, recluido en el hastío de la vida campestre, desarrolla sus grandes obras como “El Príncipe” o los “Discursos”. Sin embargo, la época dorada del Maquiavelo ciudadano llega antes, ejerciendo como embajador y canciller. Tomó el camino de especializar su acción en “las fortificaciones, estrategia, armamento y preparación de la milicia, y misiones diplomáticas complicadas”. Sin forzarlo mucho, podemos hablar de ese Maquiavelo como un tecnócrata al uso.

Visto así, los entrenadores no son otra cosa que tecnócratas: gente que prima la propia técnica sobre la ciencia y que opina que toda decisión tiene que pasar por esa comprobación de cálculos (la estadística) y previsiones (repeticiones) para tener sentido. Poner en marcha una determinada ofensiva o una defensa de este o aquel tipo es una aplicación de medios, pero siempre metiéndose en el terreno de fin. Como define Claudio Rinzi, “En la mentalidad tecnocrática racionalidad y "verdad" están indisolublemente unidas [...]. Es obvio que ya no habrá sitio para los juicios de valor, esto es, para los juicios que por su misma sustancia no pueden fundarse sobre elementos cuantitativos”. Esto da un fondo a eso que nos encontramos cada semana en ruedas de prensa: que una variación táctica no pueda ser criticada por un periodista que “no sabe de esto”.

Llegamos al hecho de que los tecnócratas no están ahí para apoltronarse (que se lo digan a Robert McNamara). Su verdadera aspiración no es la política: lo que existe es una tendencia a suplantar el poder, cosa que al poderoso suele molestarle. Aíto y su antecesor, Jose Vicente Hernández (lo digo por la racha de éxitos: Moncho López nunca tuvo esta bola) se convirtieron durante días en “los reyes del mambo”, algo que a muchos no les gusta. De ahí que generalmente se cargue contra ellos como incompetentes, como corruptos y que, en el caso más raro, estos decidan abandonar ante los particularismos presentes en su esfera de trabajo.

Al entrenador hay que tenerlo a gusto, igual que al tecnócrata. Puede gustarnos o no, caernos simpático o como una patada en los cojones. Ahora, dependemos en gran medida de gente como ellos. Un profesor al que no le guardo especial aprecio (es mas, tengo que matricularme con él otra vez) hablaba en una de sus clases de su época en la administración franquista. Le tocó redactar una serie de artículos y, al entregarlos a su superior, este los devolvió diciendo: “Está bien, pero vuelva a escribirlo, esta vez mas enrevesado. Nos tienen que necesitar para leerlo.

El diablo sabe más por viejo que por diablo, tanto como un funcionario. No por nada, en el mundo anglosajón se le llama “Old Nick” en “honor” a Maquiavelo...

PD: Curioso es el hecho de que en España se asocie tecnocracia a totalitarismo. Pepeluí, ¿Caudillo del basket por la Gracia (que jachondo) de Dios?
PD2: Si Aíto es Maquiavelo, las “tertulias” que dieron forma a sus grandes obras serían el equivalente al blog del Dr. Basket, “Mis conversaciones privadas con Aíto”.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Cero Sesenta



- "Los norteamericanos hacen pasos siempre".

- "Nadie tiene los cojones de Felipe".

- "El baloncesto europeo es mucho más táctico. Los norteamericanos son puro físico".

- "Aíto es el entrenador que mejor domina la táctica en nuestro baloncesto".

- "Nadie es imprescindible".

- "Esta selección va a por el oro".

- "Si España consigue dominar por fuera y hacerse fuerte por dentro, ganará el partido".

- "Los argentinos son unos marrulleros".

Eso es lo bello de este deporte. La cantidad de gente que sienta cátedra a base de obviedades en radio, televisión y prensa escrita.

Música: "Cero Sesenta", de Ojete Calor