La estadística nunca miente...
Parece mentira lo mucho que ha cambiado mi vida en poco mas de cuatro meses. Vamos a disimular, a pensar que he mantenido este tinglado activo y a hablar, con total normalidad, de lo mucho que en este país se menta a los muertos, los vivos, los cercanos y lejanos. El insulto vuelve, aunque en realidad nunca se fue de nuestras vidas.
Hace dos semanas, Daniel Hierrezuelo tuvo la feliz idea de ponerse chulo: nada raro si pensamos que el malagueño es un reconocido árbitro y que eso, de un modo o de otro, "va con el cargo". Lo hizo en Sevilla, después de una serie de actos (que cada cual valorará como quiera, desde la seguidilla de faltas pitadas a la supuesta "cogida de huevos") que provocaron que el público se calentara, que el árbitro se calentara aún mas y que aquello se convirtiera en el Corral de la Pacheca. Después de un lunes cargado (con comunicados y quejas formales), llegó el finde y Hierrezuelo volvió a pitar: esta vez en Madrid, donde la Demencia repitió la escena y tiró de ironía cambiando una clásica de los partidos apretados: "este partido lo vamos a parar". Ayer domingo, en su edición impresa, Marca cargó contra los dementes por repetir lo que se cantó en Sevilla ("esta noche mira bajo el coche", clara amenaza de muerte) y alguno incluso ya está pidiendo que Antiviolencia actúe de oficio. Partiendo de la base de que el 99,99% de los aficionados que pasan por los pabellones ACB (no pongo la mano en el fuego de manera total, que cada uno es como es) no pensarían en ponerle nada a Hierrezuelo debajo del coche, volvamos sobre la cuestión de todo este planteamiento, de todo el follón y de toda la historia: ¿Se puede insultar libremente en la ACB, con total impunidad y sin esperar respuesta alguna?
La respuesta, para que nadie se sorprenda, es si: el insulto es la herramienta nacional para dirimir cualquier discusión. En cualquier ambiente, da igual que sea el infantil patio de un colegio de primaria o el consejo de administración de la gran multinacional, siempre hay un insulto de por medio; con mayor o menor alevosía, a la cara o por detrás, discutido o aplaudido... somos un país que insulta en todo momento y lugar, que resuelve las discusiones (o las calienta mas) con un hijodetal o un capunoseque. Que todo eso llegue a cualquier ambiente, incluso a aquellos en los que la gente está para descargar las tensiones de la semana y relajarse, es completamente normal. Sistemáticamente, en campos de futbol, baloncesto, futbol sala, futbolin y cualquier deporte sea cual sea la categoría se insulta a árbitros, jugadores, técnicos, recogepelotas y aficionados del equipo contrario. ¿Por que entonces, si es un tema tan normal el del insulto, se reacciona así ante una situación puntual? La respuesta es, damas y caballeros, otro insulto.
Un insulto mas grave aún, porque es a la inteligencia de quien conoce como se ven las cosas, como se trabaja en este mundillo y como se comportan unos y otros. Ni al mas protagonista de los miembros del Comité Antiviolencia se le ocurriría presentar una demanda o interponer una multa a Cajasol o Estudiantes por los gritos a Daniel Hierrezuelo. Sencillamente porque cada semana se pasan por alto insultos mas gordos en páginas de periódicos o en críticas radiofónicas: insultos a jugadores, insultos a técnicos, insultos a árbitros, insultos a aficionados. Faltas de respeto constantes en forma de críticas sin sentido, de medias verdades e historias a medio contar. De basura y mierda esparcida delante del ventilador y, si alguien se pica, "estamos informando". Cuando ese ofendido, en cambio, sale y demuestra con hechos que tal cosa es así, no pasa nada: creo que ya he dicho muchas veces que en este país, las hemerotecas de la prensa deportiva no existen. Es mas, apostaría que destruyen al final del día todo lo que pueda incriminarles.
El caso es ese, que los insultos seguirán vivos en un lado o en otro. Da igual si los cantamañanas estén de un lado o del otro de la página: siempre hay un gilipollas...
Hace dos semanas, Daniel Hierrezuelo tuvo la feliz idea de ponerse chulo: nada raro si pensamos que el malagueño es un reconocido árbitro y que eso, de un modo o de otro, "va con el cargo". Lo hizo en Sevilla, después de una serie de actos (que cada cual valorará como quiera, desde la seguidilla de faltas pitadas a la supuesta "cogida de huevos") que provocaron que el público se calentara, que el árbitro se calentara aún mas y que aquello se convirtiera en el Corral de la Pacheca. Después de un lunes cargado (con comunicados y quejas formales), llegó el finde y Hierrezuelo volvió a pitar: esta vez en Madrid, donde la Demencia repitió la escena y tiró de ironía cambiando una clásica de los partidos apretados: "este partido lo vamos a parar". Ayer domingo, en su edición impresa, Marca cargó contra los dementes por repetir lo que se cantó en Sevilla ("esta noche mira bajo el coche", clara amenaza de muerte) y alguno incluso ya está pidiendo que Antiviolencia actúe de oficio. Partiendo de la base de que el 99,99% de los aficionados que pasan por los pabellones ACB (no pongo la mano en el fuego de manera total, que cada uno es como es) no pensarían en ponerle nada a Hierrezuelo debajo del coche, volvamos sobre la cuestión de todo este planteamiento, de todo el follón y de toda la historia: ¿Se puede insultar libremente en la ACB, con total impunidad y sin esperar respuesta alguna?
La respuesta, para que nadie se sorprenda, es si: el insulto es la herramienta nacional para dirimir cualquier discusión. En cualquier ambiente, da igual que sea el infantil patio de un colegio de primaria o el consejo de administración de la gran multinacional, siempre hay un insulto de por medio; con mayor o menor alevosía, a la cara o por detrás, discutido o aplaudido... somos un país que insulta en todo momento y lugar, que resuelve las discusiones (o las calienta mas) con un hijodetal o un capunoseque. Que todo eso llegue a cualquier ambiente, incluso a aquellos en los que la gente está para descargar las tensiones de la semana y relajarse, es completamente normal. Sistemáticamente, en campos de futbol, baloncesto, futbol sala, futbolin y cualquier deporte sea cual sea la categoría se insulta a árbitros, jugadores, técnicos, recogepelotas y aficionados del equipo contrario. ¿Por que entonces, si es un tema tan normal el del insulto, se reacciona así ante una situación puntual? La respuesta es, damas y caballeros, otro insulto.
Un insulto mas grave aún, porque es a la inteligencia de quien conoce como se ven las cosas, como se trabaja en este mundillo y como se comportan unos y otros. Ni al mas protagonista de los miembros del Comité Antiviolencia se le ocurriría presentar una demanda o interponer una multa a Cajasol o Estudiantes por los gritos a Daniel Hierrezuelo. Sencillamente porque cada semana se pasan por alto insultos mas gordos en páginas de periódicos o en críticas radiofónicas: insultos a jugadores, insultos a técnicos, insultos a árbitros, insultos a aficionados. Faltas de respeto constantes en forma de críticas sin sentido, de medias verdades e historias a medio contar. De basura y mierda esparcida delante del ventilador y, si alguien se pica, "estamos informando". Cuando ese ofendido, en cambio, sale y demuestra con hechos que tal cosa es así, no pasa nada: creo que ya he dicho muchas veces que en este país, las hemerotecas de la prensa deportiva no existen. Es mas, apostaría que destruyen al final del día todo lo que pueda incriminarles.
El caso es ese, que los insultos seguirán vivos en un lado o en otro. Da igual si los cantamañanas estén de un lado o del otro de la página: siempre hay un gilipollas...